Siendo ayer cuando conocí el milagro,
esa esperanza perdida en la callada calle amarga,
combinando la lluvia con el arcoiris,
divisando a lo lejos el brillo de esos ojos tristes,
pero nunca amargos,
nunca callados,
llega a conquistar.
Tiemblan los labios por tan solo pensar en cuántas noches perdí,
sí,
las perdí,
por no tenerte a mi lado,
por haber creído que la vida seguiría su camino,
sin pensar más en nosotros,
en nuestra manera de existir.
No será que las nubes tienen frío,
nos ven,
se entristecen,
se enloquecen,
al no vernos más,
esas nubes que nos lloran,
tocando el alma de tristes miradas,
llegando a levantar en espíritu,
sus gotas enamoradas.
Esos milagros que transfunden,
calma a la tormenta,
dulzura a la esperanza,
vida a la fantasía…
No era suficiente,
nunca lo fue.
Las estrellas no brillaban lo suficiente para fugar,
era el milagro que conocí,
lo que me hizo pensar,
en eses ojos tristes,
en ese vivir que a veces parece morir,
para dormir, soñar, decir,
no calles más.
Dime,
¿Conociste tu algún milagro?




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