La muerte del palacio

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El palacio de mi corazón se transportó
hacia el mundo del arco iris,
ese lugar donde se logra volar
y nunca crecer, nunca caer.

Palacio, se volvió mi alma ardiente,
el fuego no dejaba de respirar
entre los dí­as que no podí­an morir más,
dí­as donde respirar no era su destino.

Ese minuto perdido alcanzó a verme llorar
aquel dí­a cuando creí­a
que nunca quemarí­a
lo que llevo por dentro.

Palacio, dejó de verme el minuto cansado,
dime si es cierto que morí­,
y ahora donde no hay aire… ¡Dime!
¿Es este el arco iris donde viviremos?

Palacio huyó, no quiso contestar,
no era él, sino mi esperanza
de lograr respirar el aire
inhalado por tus pulmones.

Fue entonces cuando me di cuenta,
que las ilusiones volaban y yo,
cayendo hacia el campo olvidado
dejé al palacio muerto.

Palacio, moriste,
¿Por qué no me contestaste?
Dejaste que el arco iris se olvidara de ti, de mí­,
siendo el fuego mi único amigo.
¿Por qué mi doloroso palacio?
Todo está muerto.

Viendo el campo,
siento la brisa suave en mi cara.
¡Hay Palacio!
Perdiste sentir el mundo a tus pies,
y ahora camino sin parar
en el campo solitario que me dejaste,
campo mí­o, campo de mi corazón.

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