Tengo el tiempo golpeando al vecino,
aquel amigo influyente viviendo en las nubes,
ese negro y claro,
usando al destino como espejo.
Recuerdos nos asechan,
marchando en la esfera terrestre,
la tormenta comparte los días desolados,
serpiente de mi alma descansada.
Aquel viejo, encausante de la pereza,
de mis dulces marchitarse,
vuelve el espíritu brioso del dolor,
impregnado de tu blanca efímera fusquedad.
Del perfume en ahogada,
rechazo el objetivo fijo,
dejando en tu futuro mi respirar,
formando aquel infinito,
tu amigo.




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