Fuimos dos locos enamorados,
tomamos el paraíso de nuestra piel
y resurgimos en la sombra del maple.
El nacimiento de un nuevo palpitar
nos marcó las entrañas,
a pesar del tiempo regalado logra fascinar
al culpable de aquel entregar.
Dimos ese fuego a nuestros cuerpos entregados al amar,
a pasión fluía por nuestras venas dilatadas,
encontrando ese imperio de dilección al esbozarnos a media luz.
Enamorarnos no fue un acto,
sino un encuentro preparado
por dos almas hambrientas de su respirar,
ese amado suspiro hecho nuestro,
en este comenzar.




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