Las dudas sanaron,
perdieron sus brazos
el dolor creado
por la naturaleza
de las almas.
No fui yo,
tampoco tú,
en el confuso atardecer
caían telarañas
entrelazando oscurecer
cualquier mirada entre nosotros.
Tengo donde llorar,
quizá es un lugar
sin ti,
tengo donde olvidar,
los espejismos
convierten el tiempo
en una habitación,
pasajero el camino,
inherente a su victoria.
Formando a cada paso
el deseo,
con llevar en la despedida
la caída del sol,
el despeje de tu alma,
deja al aire
tanta voz y tanta alma,
nadie escucha,
ni yo,
pensaste yo
habitaba ahí,
entraste,
habitación vacía para siempre.




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