Sé que soy un instante en tu mirar,
así como el atardecer
que pinta el cielo de rojo cenizo,
así como la luna de hombre lobo
que te toca la nariz para convertirse
en parte de tus sueños.
Sé que soy un instante en tu caminar,
así como la lluvia de diamantes
que nos pinta el cielo de luz,
así como el coral
que es el hogar de las sirenas mágicas
en la primavera del océano.
Sé que soy un parpadear
en un infinito de ideas,
que son las almas ardientes,
esperanzadas, ilusionadas
con un presente de miel
y arena dorada.
Sé que soy polvo en tus zapatos,
hierbas finas en tu boca,
sanguijuelas de tu laguna:
el mar de sangre hace latir
al océano desconocido de tu cuerpo
para encontrarse con la vasta eternidad
de un suspiro de paz.
¿Por qué parece tan difícil en estos tiempos? ¿Por qué es tan difícil dar con lo que somos? ¿Será que es por la constante lucha de la sociedad y el que soy; la lucha entre el miedo y la libertad; la lucha entre entenderse a si mismo y entender a los demás? Que perdemos de vista lo valioso: La inmensidad del espacio, lo vasto del océano, lo inmensurable de nuestras partículas, los milagros biológicos que nos regeneran constantemente para darnos la maravilla de estar conscientes de lo que nos rodea, entre muchas cosas más…




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