La fluorescencia
se impregna a mi aire,
respiro lo imposible
y recreo en mi mente
un paraíso de suspiros,
patrones de imaginación
nadando en el fluido orgánico
que nos conforma
hasta alcanzar el ritmo esencial
que nos hace respirar.
Se oyen latidos,
a lo lejos,
parecen golpes
de coincidencia,
pero a lo lejos,
lo que asusta se mitiga
para darnos el tiempo
que recrea el mito
que nos asusta
y así, acomodarlo
a nuestra conveniencia
mientras se nos apaga
la flama de nuestra convivencia.
Todo, sí todo,
lentamente se acaba
porque en ello se basa lo cambiante,
en lo que es permanente,
y ahí, en el jugo
de esta contradicción
está lo claro de su comunión,
lo único permanente es el cambio
y en ellas, contradicciones,
está mi clara fluorescencia
que respira la contradicción
y revela la belleza
que en ellas se guarda
para en el tiempo
permitirnos respirar.




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