Ella

Encantada,
debajo de la luz,
desairada,
me mira la luna,
royendo debajo de mi fárfara
envestida de miel,
siento mi alma engatusada
En un pertenecer desconocido.

Fascinante el juego de luces,
conquistante, incitante,
camino frenético
entre visos y vislumbre
Hacia el porte fingido.

Embelesada,
hasta los sentidos desangrantes,
concedo el último deseo
a mis labios rendidos,
Tú.

Fue en ese encuentro
cuando todo comenzó,
no creí­a,
parecí­a esconder
un odio mutilante
A mi pertenecer.

Él

Ven a mí­,
lo creo,
quizá lo sabes,
tu delicado tocar
inyecta en mis venas,
dejillo a acre,
a la victoria impregnada
De odio degollante.

No conoces lo sañudo de tu pasado,
aquel irritante desvelo
constante por el derroche despiadado
de tu expulsante padre,
Él te condenó.

Hechizos,
cambiaron el deseo de venganza,
hacia mí­,
hacia ti,
Todo inicio.

Saborea,
el chocolate áspero derramado
sobre mi piel,
desmedido embrujo fabricarí­a en ti,
La eterna necesidad de mí­.

Ella

Encontraba el olor penetrante,
a amar,
en mis pulmones,
amarre a mis vendas tendidas
por el tacto perdido
En el espirar.

Fantasí­a vivirí­a en cada recordar,
tus ojos limitando
ese absorto deseo de sisar,
las piezas de mi alma,
rotas por ti,
por esa succión desenfrenada,
por aquella en mi ligero conocer,
Aquella alertándome.

Avizor nocturno
decide condenar
mi mente al encierro,
quizá conoce esta hambre a tu piel,
mis labios a sabor aní­s,
A amor, a ti.

Él

Estabas en mí­,
no podí­as huir,
lo sabí­a,
presa de mi alma,
condenada a mi suspirar,
deleite concedente de mi piel,
Atormentarí­a tus soledades.

Satí­rico mi pensamiento encarnado,
envuelto en dos efí­meras pretensiones,
En desganadas expiraciones.

¡Dale el último suspiro a tu voz!
¡Fuente segura de tu adiós!

Acaso un vislumbrar cerrarí­a la oquedad,
empezó entonces el solfear de tu calor,
sol en tu desleí­r,
¡Alto!
Conozco esta flecha naufragada,
una vez perdí­,
zozobrar del amarre,
en mi amar,
al mar,
A mares.

Dual


Os encontrabais
en el averno del orbe,
ese andurrial umbrí­o
delineando el secreto,
por el convocado céfiro dibujante,
Sendero invisible
De su marchitar.

Rostros formaron parte del aire pintor,
De las épocas evocadas en el trepidar mortal.
No comprenden la axiomática razón
a su confusión,
cada uno palpitando su cosmos,
enraizados axiomas,
arraigados espantajos del ayer,
Desvelos transfigurados en el lagrimear del acaecer.

Él

Retraí­da,
te hallaba,
espejismo de mi certeza,
inquirí­a a mi corazón desnudo un ápice,
De los que dicen todo y respingan.

Siendo ese fallar,
Dueño de mi callar.
Esta vez te inspiré las pasiones,
triste,
en un suspiro
se me evaporaron,
no podí­as ser mí­a,
habí­a olvidado el dislate
creado en mis alucinaciones,
aún así­,
advertí­a el desencanto asechante,
Por tu sentir, por tu intuir.

Entonces, cambió, mis palabras se vertieron así­:

¡Liberarte, libera, liberate!
¡Cesa, cesarte, cesate!
¡Lumina, ilumina, luminate!

¡Te dejé ir!
Fue carecerte,
fue soltarte
deseando sentir tu aliento
Introducirse en mí­.
Lo revelé,
Lo entregué al dueño de la mañana,
retirando el ayer,
con mi pena,
ella expirará desolación,
muerte al amar,
sin haber amado,
amarre sin sentido,
quizá si amo
Puedo morir en paz.

Dual

No penaré de amor,
no derramaré mi latir
para ser ánima lagrimada
Al dejarte ir.

Esta punzada
que acompaña morirá,
hechizo de mi absorber,
tendrá el desenlace
sin mí­,
conozco la brisa,
tengo el espí­ritu brioso,
cazando la voz,
al extremo lejano,
Al extraví­o.

Sí­, hay perdón, no hay anuencia,
mentiras fabricaste,
mentiras serás,
no consumirás ese antiguo anochecer
De tu mirar sobre mí­.

Transcurrió el señor tiempo, y volví­as aquí­, confesándote así­:

Sí­, dolor perdona, yo olvido,
calma la ventisca,
no sobra el cielo en mi voz,
Ese pacto no fue mí­o, tuyo.

Amarre fue,
sin amar, sin mí­,
Sin ti.

Manes vivirán,
sin ti, sin mí­,
sin amor,
A la mar.

Dual

El velo se alzó,
vidas atormentadas
callaron su proceder,
encontradas en ese delirio dramático
De su único existir.

Destinadas a engendrar,
nueva ilusión,
se extinguieron sin morir,
devorados en un mundo sin sentir,
perdieron único sosiego,
dejando su latir,
al decir,
Su infinito adiós.

Y ese destino mareado de un reloj cansado,
a sabiendas del cruel desenlace,
decide tomar
aquella añoranza y transformarla
en lo que aquellas almas
No pueden decidir.

Su destino otorgado,
sin pedir,
sin preguntar,
creado sin azar,
por un finiquito,
para una nostalgia resonante,
en los murales del resurgimiento,
dí­a sin fin,
sin melancolí­a,
a la mar,
a amar,
A mares.

Signature Lina Ru