En el silencio cautivador,
no existe el dolor,
cada pensar
es una flor
sobre el mar.

Vuela con ritmo,
conoce su color,
se extiende sobre el sol
queriendo explicar
su intención.

Intenta
que sople el anochecer
sobre la pradera del delfí­n
donde no existen imposibles
sólo enigmas
esperando ser explorados
por cada flor
que navega
sobre el piélago
de la verdad.

Cuando está ahí­,
presente,
no existe horizonte
más cautivador
que el suyo amanecer
cuando encuentra
que no tiene permanencia
sólo marea hecha voz.

Voces delicadas,
como música melódica
ama lo que eres
soltando tus prejuicios,
más aún, regálate,
que en un juicio
se evapora
la demanda
si el que juzga
se percata
que el mismo
se está juzgando
al juzgar…

Lo que parecí­a
objetivo,
realmente era
subjetivo
por analogí­a.

La ley, sí­,
las voces,
se interpretan
como mi pensar
hecho flor
sobre el mar
que hoy
me dice
y mañana
me dejará.

Si dices que tu pensar es subjetivo, por consiguiente todo lo que nace de ella es sujeto a una interpretación.
Si dices que tu pensar es objetivo, entonces todo lo que nace de ella debe estar sujeto a una capacidad de verse uno mismo como un espectador.

El pensar es subjetivo, así­ como objetivo. ¿Cómo saber distinguir una de otra?

No existe solución más que la introspección. Estar consciente constantemente de todo lo que aparece en tu mente. Al tiempo, podrás distinguir tu desviada percepción a una iluminada concepción de lo que te sucede. Poco a poco, la desviada percepción se va deshaciendo dando lugar a una forma clara y pura de “interpretar”, cada vez más apegada a la realidad. No se puede dejar de interpretar hasta que llegue un punto donde la interpretación es desviación. Se reconoce este hecho, se ve con amor, para así­ sólo escuchar y entonces la verdad está presente como inmersante paz.

Signature Lina Ru