Una vez callado, sentí la vida caer, 
 si de noche fuera, no habría luna 
 y si de día, caras tristes vería. 

 No es dulzura lo que mi corazón siente, 
 llora tanto, tantas veces que mi alma resurge 
 lleno de esperanza, cada vez rezagado del montón 
 de colores florecientes, llenos de alegría. 

 Ya quisiera tener entre mis brazos,
 sueños e ilusiones que mi cara 
 sólo suplica y llora por tener. 

 Detrás de todo eso, está mi mirada, 
 azul, ya desgastada 
 y las voces asustadas 
 por tanto suplicar y llorar. 

 Quisiera ser escuchado, 
 pero nadie... oye.
Y tú, ¿escuchas? Muchas veces nos la pasamos actuando como abejas trabajadoras, pero olvidamos lo más importante: Escuchar. ¿Escuchas a tus hijos? ¿Escuchas a tus padres? ¿Escuchas a la naturaleza?

Mucha gente vive depresiones fuertes, pero nadie está atento a sus lágrimas. ¿Por qué? ¿Qué nos pasó como sociedad que nos volvimos gente de tristeza reprimida prefiriendo mostrar el enojo que nuestras lágrimas? La impotencia se manifiesta como enojo, pero el enojo es tristeza que no quiere ser reconocida.

¿Cuándo nos dedicaremos a escuchar? ¿ Por qué no al menos a nosotros mismos? ¿Nos da miedo? ¿A qué? ¿Acaso no está esta sociedad suficientemente perdida? ¿No? ¿Qué más nos falta para abrir los ojos hacia lo que nos sucede y le sucede a todo el que nos rodea?

Signature Lina Ru