Fría, dura, 
  temblando, 
  quebrando el tímpano
  hecho hielo, 
  resuena un eco 
  cristalino,  
  así es tu voz, 
  cada vez 
  que me enamoras. 
  
  Al respirar 
  tu sinfonía álgida
  se regenera el hado, 
  regresando la hada 
  a tu helar, ¡qué pesar!

  Se tumultuaban proezas, 
  aún se preservaba la ilusión,
  esa cubierta de escarcha,
  esa cubierta de mí,
  lo que daba, 
  era lo que veía
  y sin ver verdad,
  creía: 
  eres como soy
  soy como eres,
  pues, 
  ¿quién conoce bien 
  quién uno es?
  
  Pero aún con la laringe tallada, 
  tu melodía ensuciaba mi cara,
  por última vez, me digo, 
  por última vez, me dices
  desde la tenebrosidad
  que llamas amor. 
  
  Eres un encuentro fatal 
  de estrofas dolidas, 
  con exiguo final pero
  con tendencias a perpetuarte 
  como suave eufonía 
  que logra derramar 
  lluvia y acero, 
  tu cambiante tez,
  sobre mi cansada faz,
  tú, inconcebible paz,  
  susurrando como olas
  que nunca llegan. 
  
  Y por eso, te dejo, 
  anochecida primavera, 
  que tres veces 
  me encandilaste
  con el reflejo 
  de mi ser, 
  tú, espejismo cruel, 
  eres la voz soy,
  eres sin ser, 
  tú, hierva del vado, 
  fibra fluorescente 
  que aún no sabe
  florecer.

  
Hay personas que saben reflejar lo que llevas dentro. Si te volteas, y lo que ves no coincide en hechos, aléjate. Más valen los hechos que las palabras. En vez de creer que el otro brilla en el reflejo de tus palabras, mejor sigue los hechos porque en hechos se crea luz.
Signature Lina Ru