Esta noche, la ciudad estaba llena,
mi alma caminaba esperando encontrar
algún traunsente que mirara mis lágrimas
y me dijera que todo estarí­a bien.

¿Por qué no sucedió?

¿Por qué cuando camino
ignoro al que llora
y me convierto
en el agua salada de su lamento?

Parece ser que estamos enfermos
de tristeza y desesperación,
tanto que no podemos mirar
al otro que sufre,
es demasiada nuestra desolación.

Quisiera que el reloj se parara,
cesaran las prisas
y hubieran momentos de comunión,
entre los que caminan, los que sueñan,
los que sufren, los que rí­en, los que aman
para enseñarle al otro quienes son…

Pero… El tiempo es tan valioso
que aún… no se sabe…
cómo gastar.

Caminaba… Lento, suave, casi flotando
como si el suelo fuera el cielo
y mis lágrimas lluvia de mi arcoiris…

¿Por qué?

Por primera vez, sentí­a las lágrimas ajenas como propias,
entendí­a el sufrimiento innecesario que el mundo profesa,
entendí­a que todos quieren ser felices,
pero nadie se detiene para mirar al sufrimiento del otro.

¿Qué pasarí­a si lo hiciera?

Mi vida dejarí­a de ser lamento,
se volví­a milagro,
se desatarí­an las oportunidades
que se niegan por no querer soltar
el amor puro hacia uno mismo
y así­ hacia los demás.

Ama sobre todas las cosas a tu amor
más que a tus ojos, lengua y oí­dos
para poderte amar a ti mismo,
tu alrededor.

¿Qué pasarí­a si en vez de estar lamentando los fracasos de uno mismo, se lamentara de los fracasos del otro? ¿Qué pasarí­a si en vez de compararnos, nos aceptaramos? ¿Qué pasarí­a si en vez de pedir, dieramos? ¿Qué pasarí­a si en vez de ver sus errores, viera sus aciertos? ¿Qué pasarí­a si en vez juzgar, diera comprensión? ¿Qué pasarí­a si mis lágrimas dejan de ser por mí­ y se convierten en agua que lava el sufrimiento ajeno?
Signature Lina Ru