Cuando di pedazos de mí, 
lluvia me lavó, desvistió
hasta volverme honesta. 

Frente a la incertidumbre,
me ennoblezco, sin saber
cual era el fin del dolor, 
en él no sólo permanecí, 
esperé, perduré, crecí. 

Cuando momentos agudos 
me quieren destrozar,
no queda más que soltar  
el pesimismo antes de salir 
a encontrarse con el espejo 
que refleja lo más íntimo
de mí y demás cercanos.  

Si debo sujetarme a lo visto,
que sea para descubrirme 
y no para encubrirme en 
un grano incómodo, casi 
detestable. ¿Cómo puedo 
odiar algo que forma parte
de mí? Es lo irónico del amor. 

Tomas tanto de la empatía
que te destruyes, eres todo
al serlo, incluye lo odiado. 

Si me doy, y esos pedazos 
se caen, no me permanecen
y lo irritable ya no es mío. 

Se fue con lo que la lluvia 
desató. Si soporto verme 
en el dolor es porque el espejo 
me ilumina lo que debo soltar:
Si has de amar, aprender a dar
sin caer al abismo, sé el volar.  
 
Signature Lina Ru