Donde el nuberio
se convierte
en mi piélago,
veo un horizonte
condenado
a respirar
con mis palabras
cubiertas de luna.

El vado vive
las flores
en sincroní­a,
susurrando
el perfume
de su piel,
volteando la leyenda,
el imperio renace
en los algodones
de altura.

El añejo
derramó su sufrir
en el latir terrestre,
destinando las suplicas
al ver,
terrible conocer
serí­a el vivir.

El ser
decide alcanzar
cada marca registrada
en el orgullo
del vestigio fascinante
en un pueblo dormido
al oí­r gemidos
tumultuados del porvenir.

El circulo será
de eterna condenación
para todo aquel nacido
en son de ron
derramando
pesadillas envestidas
de locura y vida.

Si el dí­a
aparecí­a sin terminar,
tuvo el deseo
en el rincón obsoleto,
aquel endulzado y pendiente
de las brocas
sangrando su flechar.

Si triste condena
dejo de narrar,
el vocerí­o
no parecerí­a conceder
la última mirada
al blanquiazul,
esa esencia
del cielo, gozante
del único verdadero mirar.

Con paciencia
esmero
esmeraldas
cayendo de su centro,
narrando el silencio,
temo al postergar.

Dejo la redondez,
falleciendo en la locuacidad
de lo absorto,
vuelvo a mi palpitar,
al lugar escarlata delicado
envuelto de gloria y salvación.

Signature Lina Ru