El dolor encarnado se va manifestando
en las paredes del callejón de la corrupción.

Se va dibujando una indiferencia que radical
nos va alejando de la gracia y caemos al sudor 
que negro nos asusta hasta quedar duros. 

En esa dureza de miradas vacías se nos dice 
que es el miedo lo que nos consume vivos
mientras la ambición nos evapora la razón. 

Una vez encallejonados quedamos con una 
lógica torcida y lo que antes nos horrorizaba,
ahora es inevitable para lograr tener más. 

En ese vicio cómplice, 
en ese desear inagotable 
sólo queda vivo el deseo 
mientras la persona se desmorona, 
la emoción lo desentona
y cae a la orilla del olvido 
mientras se nos dice en secreto
lo que nos regresaría a la luz: 
No hay mayor victoria que la del amor,
aquella que incondicional nos muestra
el camino a la libertad a través de la verdad. 
Signature Lina Ru