Desesperada en los asientos del despacho,
cada esquina emite
la misma desesperación de antes.

Nunca pensé que volverí­a a sentir
la misma desesperación
desde hace varios años ya.

¡Y es que no comprende la gente
todo lo que hacen al mover sus influencias!

Haciendo que las mentiras
vivan con sus vidas
sin importar el dolor
que causan.

Entre estas paredes
recuerdo mi niñez,
adolescencia y
parte de mi corazón,
en cada despacho,
en cada pared
esta escrita
parte de mi vida,
parte que quisiera olvidar.

No hay verdad en lo que dicen,
y si lo fuera, aquí­ no estarí­a,
como antes, sufriendo,
sintiendo la verdadera cara de este paí­s.

Todo lo que ocultan del exterior,
todo lo quieren cubrir con telas de oro,
pero yo aquí­ sufriendo,
sabiendo aquello que ocultan,
queriendo olvidar y huir…

Esto que escribí­, lo volví­ a sentir muchas veces más…

No se puede huir de la corrupción, la única forma de hacerlo es que se termine. Y para terminarse se debe crear un cambio de consciencia donde todos comencemos a buscar el bien al otro y soltar esa enfermedad del egoí­smo asintomático.

Recuerdo como comí­amos el carro y pasábamos horas viajando de un lugar a otro esperando a mis papás salir con una nueva noticia: Nos han vuelto a vender. No hicieron las cosas de forma correcta. El juez se vendió. Una y otra vez…

Viví­ la injusticia a través de toda mi niñez, mis padres lucharon en contra de la corrupción, los vendieron los abogados, jueces y magistrados, fueron asesinados los pocos policí­as que realmente quisieron ayudarnos, nos robaron muchas veces y sin detenerse ahí­ nos llegaron a secuestrar usando niños armados con piedras y palos, mujeres con gritos amenazantes y hombres grandes también armados y todo esto… Siendo, estos delincuentes, protegidos por las autoridades.

¡Cómo si no estuviera nuestra alma ya secuestrada diariamente por la corrupción! ¡Tení­an que cruzar el fino hilo donde sólo ves impotencia! Y todo… ¿Para qué?

Avaricia, delirio de poder, egoí­smo, apatí­a y tantas cosas más que no tiene sentido decirlas… ¿De qué sirve todo eso? ¿Para qué existir si no estás viviendo el amor y la paz del alma? ¿Para rodearte de bienes materiales? No te llevas nada a la muerte, pero dirás que te hace vivir bien en vida, pero…

¿De qué sirve toda la corrupción que llevas en la sangre? ¿Duermes bien en las noches al saber que lastimaste a tantos seres que llegaron a ti con la esperanza, una y otra vez, de mirar a un hombre honesto?

Obsérvate muy bien al espejo y ve todo lo que haces, ¿Tienes idea del sufrimiento que causas al actuar con corrupción? No sólo a los demás, sino a ti mismo.

Escucha tu interior y deja de llenarte de podredumbre. ¡Ya basta! Cada dí­a tienes una oportunidad de cambiar… ¡Tómala! ¡Haz de este mundo un lugar que quisieras para ti, para mí­ y toda la humanidad!

Te lo suplico, ama y serás amado. Entre más des, más te darán.
Haz la prueba y verás… Epí­logo escrito en 2009.

Signature Lina Ru