Las murallas se manifiestan
como bloques que dividen conciencias,
hablamos de ellas como si fueran grises,
pero las atesoramos como si fueran oro,
preferimos dividirnos a comunicarnos
por miedo a perder lo que nos distingue,
la creencia de tener poder
y su consecuente estatus.

Vemos a las murallas como paisajes lejanos
cuando en nuestro interior
se cocina un espí­ritu de guerrero
que nos aleja de la tranquilidad
que nos deberí­a interesar
por miedo a realizar
que no hay mayor muralla
que la de nuestra inconsciencia.

Celebramos el dí­a que cayó una división,
mientras en el festejo, creamos otra ilusión,
aquella que nos destierra a la decepción
porque pareciera no aprendiéramos
de aquello que alguna vez nos derrotó…

Ese virus de la ignorancia,
el cual nos asecha más fuerte que nunca,
ese que conspira en contra de nuestra casa,
el alma nuestra.

Entre tanto, dormimos con las justificaciones
de nuestros actos, llenos de crueldad,
manchados de corrupción y sorda impunidad.

Mientras aquel que alberga la única forma
de alcanzar la armoní­a, el amor,
se duerme en los laureles de la inocencia
por miedo a perder lo que jamás hemos tenido,
la ilusión de ser poderosos,
el espejismo de lograr nuestros objetivos,
la quimera de conocer la verdad
mientras navegamos en una pesadilla
llena de falsas esperanzas
porque el individuo que derriba murallas
también define paí­ses, continentes,
contrasta razas, sociedades,
defiende ideologí­as absolutas
como única absolución.

¿Cuándo caerán las murallas
que deben ser derribadas?

Sólo el dí­a que el individuo
sea algo más que lo que define,
que sea más que lo que contrasta,
sea algo más que lo que defiende
encontrando así­ el significado
profundo de la empatí­a,
la caí­da de la muralla
que realmente nos divide,
la indiferencia patológica
y el odio a lo que no es
lo que quieres tú.
¿Te atreves?

A 20 años de la caí­da del muro de Berlí­n,

Recuerdo una alegrí­a intensa por algo desconocido al ser una niña en el momento de tal acontecimiento. Es tan pleno el sentimiento de descubrir por primera vez que algo increí­ble está sucediendo a consecuencia de la unión y una renovada confianza al prójimo.

En aquel entonces, creí­ que estábamos cambiando a ser ese mundo de paz que se distanciarí­a de lo que fueron las guerras mundiales. Creí­a que a los adultos de aquel entonces, realmente les importábamos y tení­a una vehemente esperanza de existir en un mundo libre de agresiones e injusticias, puesto los adultos se estaban poniendo de acuerdo en algo: Es momento de aprender a ser unidos sin importar la nación, ideologí­a o interés particular.

Sucede que vas creciendo y te das cuenta que no es así­, los problemas siguen como antes, pero con una imagen de lo que deberí­a ir sucediendo poco a poco. Entendí­ que la gente no está preparada para entender lo que significa vivir sin murallas porque estos se las imponí­an todo el tiempo en sus mentes.

¿Cómo quitarlas cuando se crean al mirar a alguien que no es como lo que uno espera que el otro sea? ¿Cómo quitarlas si existe aquel que quiere lastimar al otro por el beneplácito personal? Y la respuesta enigmática, pero sencilla existe en el corazón de cada uno de nosotros; en el amor y nuestra capacidad de ser compasivos y empáticos, TODOS.

Ahora, como adulta estoy consternada por los niños del mañana, y todos deberí­amos estarlo. ¿Acaso no recuerdan lo hermoso que era ser un niño? ¿Lo libre e inocente? ¿Lo apasionado y pleno? ¿Por qué nos empeñamos en crear un mundo duro y hostil cuando está en nuestras manos crear una realidad de amor y prosperidad como nuestros padres trataron de proporcionarnos? A pesar, sé que algunos no tuvieron padres amorosos, pero ¿acaso no quisieran darle ese amor que no tuvieron a aquellos que viven hoy la soledad que ustedes tuvieron que soportar al ser pequeños?

Decí­an que volar serí­a imposible… Decí­an que viajar en el tiempo serí­a imposible y lo hacemos cada vez que recorremos el filme de nuestra vida en nuestra mente…

¿Imposible? Quizá, pero mientras exista alguien dispuesto a romper sus murallas, existe la esperanza de que algún dí­a… Será posible.

¡Vivamos una existencia de amor y paz, verdadera compasión y empatí­a por todos para todos! ¿Lo imaginas? ¿Crees que los niños no se dan cuenta de la violencia que existe en su hogar, en la calle y entre paí­ses? Sí­, se dan cuenta… ¡Qué vergí¼enza ignorarlos por creer que no entienden lo que se supone es de adultos! Lo entienden y saben… Quizá, mucho mejor que nosotros.

Es obvio, hay que cambiar, no sólo el mundo y sus polí­ticas con sus polí­ticos egoí­stas, sino cada uno de nosotros, todos juntos, uno a uno, en nuestro interior haciendo conciencia de lo que realmente sucede a nuestro alrededor.

Signature Lina Ru