Es este nublo
condenado a traer lagrimas mortales
a los enamorados,
se ven los girasoles sonreí­r con la cara baja
mirando mis dedos estudiados,
estos llenos de tinta enamorada.

Los dejé atrás,
adiós flores de mi recuerdo,
vino la melancolí­a,
rodeado de concreto y acero,
llorando el despido,
aquel envuelto de primavera lloviznada.

Parece interminable
ese camino de altos y bajos,
rodeando mi cuerpo sentado,
el mismo camino,
canciones cambiadas,
otro amortigí¼e de la vida
traducida al lenguaje del reloj.

No parece que consagro
el brillo de la estrella en madrugada,
es común ver los mismos panoramas,
envueltos de costumbre traicionada,
embarrada del silencio llena de rocí­o,
llena mis recuerdos,
llena del honor enmarcada.

Me acerco a mi destino,
aquel mojado y frí­o,
envuelto del desahogo de un alma en crispada,
no es doliente creer,
dólo es un dí­a de tantos transitados.

Es ahora mi marchar el habitante de solaz,
pisando charcos agujerados
pretendo terminar el destino incurrido
al decidir que serí­a uno de esos enamorados,
uno de tantos cuyo cielo otorga lágrimas,
creando huecos impregnados de agua salada,
refugio de mi desolar.

Signature Lina Ru