Llevo dos cubetas llenas de segundos,
la primera se cae, la segunda me atrae,
tomo mi mano y la mojo con el tiempo
que me queda. Siento que me ahogo,
es demasiado tiempo en un instante.
Si los segundos se acumulan y uno
es dos, tres, el circo empieza y corro.

El simulacro que me sostiene no sabe
el por qué lloran los segundos después
de sentir mi piel. La llave que se abre
me lleva a someter mi voluntad al aire.

Lo poco que me queda es un suspiro,
Dime que me regresarás los segundos
que toqué, dime que mi curiosidad no
me atará a las consecuencias que no
medí. El tiempo se sentó a lado de mí.

Por primera vez, le escuché decirme
la verdad a la que intento escaparme
Si te llenas de mi silencio, suéltame.
Si te enredas con mis trazos, elévame.
Si no entiendes mi prisa, devuélveme.
Me llevas porque tienes miedo de ti.
Si me regresas al manantial donde
dormido me encontraste, me olvidarás.
Vivirás tu existencia sin que la aprensión
de perderme te llene de desesperación
y telarañas. Regrésame y entenderás.

El tiempo que perdí al caerse la cubeta
ya no está aquí, se evaporó, me queda
otra cubeta. La sujeté con dos manos,
la llevé al manantial de donde la robé.

Al escurrirse los segundos, el interior
del manantial regurgitó un libro verde.

Lo abrí esperando entender lo que me
llevó a robarme pedazos del tiempo,
lo único que vi fueron hojas en blanco.

Decepción, irritación, ¿porqué me mintió?
Una de mis manos estaba llena de arrugas.

El tiempo que toqué me cambió, usé esa
mano para escribir cuánto odiaba el mar
del tiempo. Con cada letra, sentía mi mano
rejuvenecer. El manantial del tiempo no me
mintió. Sólo no me aclaró que soy el testigo
de mi vida, lo que rejuvenece es dejar huella.

Signature Lina Ru