Mis manos
entumecidas
se vuelven
herméticas
como mi mente
cuando quiero
conservar
algún tesoro
elemental,
de esos encierros
que me incitan
a la violencia
procesal,
a la tendencia
mental
que encierra,
sofoca y condena
mi espí­ritu
a lo personal.

Quiero soltar
mis murallas.

Quiero adivinar
los incisos
que me faltan.

Quiero, pero tengo
las manos cubiertas
de artritis,
arte sin tesis.

Quiero, pero soy
esa enfermedad
fí­sica que atrofia
mi espiritualidad
si no estoy dispuesto
a regalar mi libertad
para recibir a la verdad.

Me hacen creer,
pero no son ellos.

Me hago sentir
atrapado,
ahogado
y atorado
en las espinas
del matorral
que me hace
juzgarte como
el cómplice ideal
del inferno macizo
que me amenaza.

Perfecta excusa
para seguir sufriendo,
para no confrontar
a mi falta de valentí­a,
aquella que
me entumece,
aquella que
llamo frí­o,
para no investigar
lo que soy,
lo que llevo,
y a lo que voy.

Voy ahora
consciente
de mi trágico
confesar…

Lloro, sin lluvias,
hablo, sin ondas,
tiemblo, sin lunas
hasta que amanece.

Mis manos
rompen
los esquemas
establecidos.

Mis manos
envuelven
al frí­o
que antes
me detení­a
y en tal ironí­a,
me suelto.

Sólo cuando
atiendo
a la belleza
del silencio
que me abraza
logro volverme
el sonido
que se calla
para hacerme
realidad.

Signature Lina Ru