Nos da miedo compartir,
nos da miedo ser juzgados
por aquel que no comprende
nuestro razonar,
nos da miedo mostrar
nuestra impotencia
porque en ella se oculta
nuestro penetrable sufrir
y preferimos agredir
antes de aceptar que…

Nos da miedo entregarnos,
nos da miedo soltarnos
a lo que creemos no ser,
nos da miedo soltar
nuestra debilidad
porque ahí­ se esconde
lo más suave y moldeable
de nuestro falible proceder,
lo que no quiero cambiar
porque me da un sentido
psicológico de seguridad.

Nos da miedo,
pero eso no significa
que no lo comprendamos,
pero tampoco lo aceptamos.

Delicado miedo el que honramos
cada que nos ocultamos
bajo el fuego de la violencia
pensando que hay un ataque
donde realmente hay desierto
y un alma solitaria
que se alucina
para sentir poder,
y así­ creer perder
a la insistente impotencia,
pero en creencias se queda
por tener tanto miedo
que nos separa del amor.

El amor
que nos hace ser
con el otro
y el amor de ser
con el otro,
uno.

El miedo es un mecanismo de defensa primitivo. ¿Hasta dónde vamos a dejar que nos controle? ¿Cuándo vamos a investigar por nosotros mismos que tanto nos controla el miedo? ¿Quieres libertad? Averigua, de donde viene el miedo y así­, cuando lo sientas no te dejarás controlar por esa rabia que trata de defender lo que piensas que eres, sino lo dejarás ser, déjalo volar libre y así­, libre serás. No del otro, sino de tus propios prejuicios y tu sentido de inferioridad que luchas por no enseñar, pero está ahí­ sonando cada vez que llueve en tu alma. El miedo sirve en una situación determinada, pero de la forma en la que en esta creí­da modernidad… ¡No más! Busca la paz, no en un paí­s, sino en tu interior.