Ayer aprendí­
que las flores
tienen dos raí­ces,
una que toca el aire
y otra que baila
con la lluvia.

Los colores
que las flores representan
son como pedazos de eternidad
dispersos en terrenos baldí­os
para aliviar la soledad
que acosa
al que se alimenta
del néctar de la idealización.

Ayer aprendí­
que todos somos flores
y que en cada caricia
nuestras raí­ces
se enfrentan
a una cruda decisión:
Soltarse
de la tierra
que nos creó
para nutrirnos
del viento
o vivir a la espera
de la lluvia
creyendo
que sólo
el agua
nos nutre.

Lo que creemos
no es la realidad.

La realidad cambia
si vemos la verdad.

La verdad existe
sin importar
lo que creemos.

Sólo el agua nutre;
eso es
lo que creemos.

Eso cambia
si vemos que el aire
está lleno
de lo que necesitamos
para volar.

Si vuelas,
no importará más
lo que creas.

Sólo
será real
la verdad.

¿Qué es
la verdad?

Vuela…

¿Lo verás?

Ayer aprendí­,
y tú, algún dí­a
también lo harás.

Lo sé.
Y, ¿tú
lo sabes?

Signature Lina Ru