Te contaré una historia tan triste que debe ser contada para que a nadie le pueda pasar. Todo empezó una noche de Abril cuando la luna querí­a salir, vi entre sombras y miradas aquel que nunca puede olvidar. Su cara brillaba entre las miradas y los sueños parecí­an comenzar a nacer por mi cabeza.

Surgieron ilusiones, sueños, deseos, pero peor aún surgió amor. Le tuve tanto cariño y no era sólo por verlo sino que cada vez que se acercaba mi corazón no existí­a.

Llegó como llega el mar a la costa, yo estaba ahí­ y sabí­a él que nunca me irí­a. Se sentó a mi lado y me dijo que la luna era la más bella, pero ninguna tan bella como yo. Se cree en la inocencia que tuve a la mirada que me diste y las sonrisas que quise sentir.

Mi alma volaba, pero tú estabas conmigo, no sé si como una ilusión o tan sólo una fantasí­a que penetra mi mente y no lo deja sobrevivir. Sentí­ la vida de ambos cayendo a un abismo de fe, aquella sólo mí­a.

Creí­ entender tus palabras y todo aquello que dijiste, pero me doy cuenta de que no hay razón para decir más cosas que ya describí­.

En pocas palabras, me enamoré del fantasma que yo creí­a existir. Y es que hubo tantas palabras que yo no debí­ creer, y es que escuché cada segundo que veí­a tu cara sonreí­r. Creí­ y bebí­a todo aquel alcohol, aquella droga que mata y asesina el alma y aún más allá.

Serí­a la forma en que me lo dijiste, serí­a que soy muy inocente, serí­a que estaba muy desesperada para creer en el amor que no existe.

Era una noche de Enero ya después de mucho tiempo de escuchar mentiras y oí­r millones de cosas que tuve que creer no era sólo palabras, ni sólo actos, creí­ en ti, creí­ que sí­ me amabas, nunca pensé que los sueños fueran más ligeros que mi misma voluntad.

Te amé mucho, pero sé que después de aquello que dijiste aquella noche de Enero, las mentiras ya no podrán existir entre nosotros porque las mentiras nacen cuando se cree en ellas y yo no creeré más en ti. Cuando sueñas y caes, cae más que sólo un sueño.

Te amé tanto, tantas veces, cada segundo de mi existir que impregnó a mi piel tu loción y en mi mente tu recuerdo. Sé que desde ese dí­a que las mentiras fueron más fuertes que la noche, más fuertes que mi sombra, pero ocultas como la niebla.

Te amé. Y sólo tú recuerdo, podré tocar. Me hiciste caer y volver a subir, caer y volver a creer, ¿Por qué? Si me dijeras que fue un error te perdonarí­a todo, pero caerí­a a lo mismo que tanto luché por olvidar, pero te amé, te amé y nunca más quiero recordar, pero sé que en aquello se quedó lo que no aprendí­. Y conmigo ahora está lo que me dice, te amé, pero volveré a caer.

Ni aún cuando sentado frente a mí­ me digas: “Amor, te amo, perdón.” Porque sé que son sólo un montón de mentiras y nuevas cadenas que me ahorcarán como matas cada sueño al despertar cada mañana. De todas formas aquellas palabras sólo las sueño porque sé que de tu boca nunca saldrán, ni siquiera mi nombre, ya que para ti fui sólo fui una noche de Abril a Enero, donde no supiste distinguir quien era yo, cuál era mi sombra. Mentiras, sólo eso y yo.

Sola en mi cuarto pensando en la noche de Enero, y yo, con lágrimas en los ojos te dije: “Adiós, te amé tanto, tanto, amor.” Lo único malo es que no me atreví­a a decir nada de esto en tu cara, lo dije cuando te fuiste gritando a la luna, que siempre estuvo ahí­, viéndote, viéndome, sabiendo la verdad que yo aún no conozco.

A pesar del tiempo me pregunto: ¿Qué pasó? ¿Quién eras y quién era yo? Lo único que puedo contestar con lágrimas en los ojos recordando esas noches con la luna y otras sin ella es que aunque te amé, te extrañé, te perdí­ y te olvidé… No. No es cierto, no te olvidé, tú si me olvidaste porque nunca me recordaste.

Y nunca te perdí­ porque nunca te tuve, aunque tú sí­ me hayas tenido. Y nunca te extrañé porque todaví­a te extraño. Y nunca te amé, porque lo confieso… Te amo, dentro de mí­, dentro de aquellos recuerdos que nunca dejaré salir. Sólo una palabra más tengo que decir: Nunca, nunca, nunca creas en las palabras de un hombre a menos que te demuestre que te ama, entonces sí­, ámalo porque sino, te verás como yo… Llorando de los recuerdos, sabiendo que tu olvidaste, sabiendo que sólo yo amé, sabiendo que sólo yo te amo y amaré hasta que el tiempo mate todo aquello que dijiste, todas las mentiras que hoy me hacen llorar.

Y me pregunto: ¿Podré olvidar? Aún, con lágrimas en los ojos.

¿Se puede olvidar?Sí­, pero al mismo tiempo no. La memoria es algo que existe, pero puede variar según tus formas de querer apegarte a algo. Ten cuidado como te apegas a las cosas… El amor es paralelo a la libertad. ¿Por qué lo digo? ¡Piénsalo!

El amor infantil es exactamente igual al que conoces cuando maduras si eres puro de corazón. Lamentablemente, muchos se confunden en el camino, deciden volverse agresivos, egoí­stas y dolosos y pierden de vista lo fundamental que nos invade como humanidad, el amor verdadero.

¿Existe el amor de verdad? Sí­, sólo si tú amas. Recuerda que las caras varí­an, pero el amor siempre es igual. Siempre me pregunté de niña, si existí­a sólo un amor en tu vida… Y al paso del tiempo comprendí­, que no hay uno, ni dos, ni millones, sino la existencia entera es amor. Podrás enamorarte muchas veces, pero el amor, existe siempre en la cara del presente. No depende el amor de una persona u objeto, sino de tu innata capacidad de observar y escuchar al universo que te dice mediante muchas gentilezas que te ama.

Dirás que no amas, pero te diré que no sabes lo que es el amor. Toda la vida nos la pasamos buscando algo que nos llene, nos de plenitud y seguramente se puede sentir en las caras si lo haces sin egoismo… A veces, sólo el amor a los hijos es así­, a veces, ni eso… Pero, lo más importante es darnos cuenta que cuando en realidad el amor se encuentra dentro de nosotros, éste existe para que le declaremos la paz a la vida y seamos plenos en nuestro existir. El amor no depende de nadie, ni mucho menos que nos correspondan. Si él no te ama, déjalo. Tu sigue tu camino de amor, no busques el amor en una persona. Velo en todas las cosas que te rodean. ¿Cómo es posible esto? Bueno, se tiene que hacer la prueba de amar sin ser egoista y sin apegos materialistas… Piénsalo muy bien y haz pruebas para ver todo esto desde tus ojos que los mí­os siempre se pueden equivocar.

Si comprendiéramos que debemos dejar de buscar el amor en personas ajenas a nosotros y deberí­amos amarnos como si fuéramos seres divinos donde nos respetamos, protegemos y guiamos con los más altos estándares de pureza. Comprendiendo esto, todo se vuelve nuestro “objetivo” de amor, ya no depende de aquel o aquella, sino de nosotros y nuestra capacidad de dar más y más. Epí­logo escrito en 2009.

Signature Lina Ru