Y dicen que no sabes,
y dicen que no puedes,
y dicen que no haces,
y, ¿ellos que saben?

¿Y será que vivieron lo que viviste?
¿Será que no te conocen?

Surgen ideas, pero las callas,
sabes cosas, y de nuevo, callas.

Debes callar porque te callan
y si supieran lo que hacen,
te dirí­an lo mismo.

Se creen saber todo
y tú sabes algo…

¿Quieren saber?
No, nunca oyen, si fuera así­,
no serí­a lo mismo.

Palabras surgen y tu callas
porque callar es ahora la verdad.

Tantas veces se calla,
tantas veces no se oyen
y sí­ te hacen escuchar,
lo sé, debemos escuchar,
pero…

¿Ellos escuchan?
No, lo sé.
Sabemos.
Tienen tantas cosas,
según ellos, que decir,
pero dirán.

Cuando hablan,
tienen tantas cosas que decir
y escuchamos, ya sabemos,
soportamos.

En esta vida, se tiene
que escuchar tanto
y es bueno, pero…
¿Ellos que saben?

Si pueden decir se oirá,
y dicen tanto, tanto
y de tantas formas,
pero aún me pregunto:
¿Y ellos que saben?
¡Ellos que saben de mí­!

Recuerdo… El sentimiento de impotencia con la que escribí­ este texto… Viene a mi mente, cuánto rechazo sentí­a de parte de los “adultos”, aquellos que dicen conocer lo que es y será porque se supone tienen experiencia, ya que en esa época tení­a 16 años.

Creo que ese bloqueo de los que se creen adultos ha creado una especie de separación entre los niños y los adultos soberbios y por resultado, se ha generado mucha violencia e incomprensión por ambas partes. ¿Cómo puedes esperar que alguien te escuche si tu no prestas tu oí­do al que deseas te comprenda?

Ahora bien, cabe destacar que muchas veces los niños saben cosas que los adultos olvidamos y creemos conocer bien. Tengan cuidado, que a veces la sabidurí­a viene de aquel que calla, como esta niña que fui… ¡Cómo fue que se dio cuenta que callar es la verdad! Lo olvidé por tanto tiempo y después de mucho analizar lo comprendí­, pero si hubiera tenido mi mente abierta para escucharme como una niña libre de tantos prejuicios y ataduras a lo que se dice es la realidad…

¿Qué serí­a del mundo si los niños tuvieran más confianza en si mismos y no taladráramos nuestras ideas tradicionales en sus mentes limpias y sanas? Ya veremos.

Niños: Hablen o callen… ¡Escúchense! Y sí­, valen muchí­simo… Su voz cuenta, somos ciegos, perdónenos que no sabemos lo que hacemos y si pueden aprendan a no hacerle lo mismo a los que vienen detrás de ustedes. Vean la verdad con su inocencia, no crean lo que dicen los adultos a la primera, piensen por si mismos, vean las consecuencias de sus acciones, sean responsables de sus actos y vuelvan de este mundo algo mejor que lo que hemos creado nosotros.
Signature Lina Ru