Me pregunté muchas noches,
muchos dí­as, muchas vidas,
¿Por qué existe el sufrimiento?
¿Por qué nos envestimos de dolor,
cuando lo que nos rodea es amor?
¿Por qué nos tapamos los ojos
y decimos que vivimos,
cuando ni siquiera conocemos
lo que es real?

Sí­, percibimos, sí­, creemos,
sí­, entendemos,
a través de los sentidos,
a través de lo que pensamos,
a través de lo que recordamos,
pero…
¿Es todo eso verdadero?
Es real… ¿Por qué?
… Porque nos lo decimos los unos a los otros.
… Porque repetimos experiencias
declarando coincidencias
universales.
… Porque deseamos tanto sentir seguridad
que luchamos por algo que no es obtenible,
siendo que ya está.
¿Por qué? ¿Por qué es real?
¿Acaso hay voces que se lo preguntan?
¿Y qué hacen esas voces que se lo preguntan?

¿Acaso están en el silencio de un cuarto vací­o?
¿Acaso están pregonando su sabidurí­a?
¿Acaso están delirando en aplausos?
¿Acaso están en la verdad
o tan sólo en la realidad?
¿Acaso… ? ¿… Acaso?
¿Acaso saben amar?

Y mientras lo pregunto, me pregunto,
será que por casualidad,
será que por fortuna,
será que por causalidad,
será que por amor…
¿Será que está en la verdad?
¿Será que estoy en el amor?
¿Será que sé lo que soy?

Y si lo sé, ¿Por qué no me doy cuenta?
¿Por qué?

Y observo, un relámpago entra por mi ventana,
me toca un rayo de esperanza,
me toca un rayo de fe,
me toca un rayo de vida,
me toca un rayo de amor…

Me toca la voz de mi madre,
repitiendo lo que siempre me ha dicho:
Si no tienes nada bueno que decir,
mejor no digas nada.

Y me callo… para amar.

Se trata de crecer Hoy, un dí­a como tantos, donde muchos parecen trastornados por el estrés, por el querer controlar y por la falta de comprensión… Me pregunto: ¿Por qué vivimos así­? ¿Por qué el mundo parece dejarse de preguntar qué es la verdad? …¿Dónde está la realidad? …¿Quién soy? Hoy, un dí­a como tantos, difí­cil y lleno de tormenta salada, creo que es la mente desatada. Lo veo como un pequeño animal que necesita ser domesticado, sí­, la mente quiere que le imponga el liderazgo y le explique qué debe hacer y cómo. Ella quiere que le imponga lí­mites, disciplina, ejercicio y entendimiento. Así­ como la mente, es el cuerpo, ambos animales.

¡Ah! Sabidurí­a del oriente, el arte de controlar al cuerpo y la mente para domar al animal que todos llevamos dentro. ¡Vaya! ¡Es verdad! Si olvido que soy un animal, si olvido que debo primero entender la dimensión de mi existir, mi animal ganará. Es por eso, que la sociedad de hoy parece un huracán trastornado por los vientos de la mente y cuerpo. Sí­, hemos olvidado que un animal que no es domesticado es desobediente, furioso, agresivo y frustrado. Hemos olvidado una parte fundamental del ser humano: Somos animales que deben auto-domesticarse para así­, responderse a las preguntas que son fundamentales para ser felices y realizarnos en nuestro interior. ¿ Qué le faltará a la filosofí­a del oriente? ¿Acaso hay más? No se trata de conformarse con una respuesta, sino seguir preguntando… ¿Será?
Signature Lina Ru