La máscara de la muerte
nos atormenta
como si en ella estuviera
enmarcada nuestra cara
y caemos en el engaño
de observar la tierra
desde su superficie
en vez de ahondar
en donde la máscara
deja de cubrir,
los ojos, brillantes,
infinitos y amantes.

Lo que observo es ahora
lo que refresca mi voz de la pesadez
que la agoní­a del cuerpo presenta
y caigo en el sueño
del que nunca debí­ despertar,
la contemplación de mi esencia
desde lo más í­ntimo del espacio
que me representa.

Cada que mi boca toca la máscara,
todo se asienta en su correcta perspectiva,
no soy la máscara, ni la máscara me contiene,
puesto ahora entiendo lo que en mi se manifiesta
cada vez que me llueve el imaginar
y vuelo donde la máscara no me ha de tocar.

Signature Lina Ru